El Peligro de Creer en Todas las Teorías de Conspiración

No se puede negar la existencia de conspiraciones por parte de grupos sociales, políticos y empresariales, sin embargo la creación de estas teorías, su divulgación y su consumo de manera indiscriminada nos están llevando a la distopía intelectual y cognitiva, nos lleva a un fanatismo peligroso incluso para nosotros mismos, ya sea a manos de la información o al poder que ha implantado sobre nosotros el divulgador.





Anotaciones del Programa:


Vacunas con microchips, tatuajes para rastrear nuestra ubicación, nanotecnología homicida, alianzas extraterrestres, reptilianos gobernandonos, farmacéuticas que ocultan medicamentos, asesinatos de presidentes o monarcas, desaparición de patentes, clasificación de hallazgos, silenciamiento de informadores, ataques de falsa bandera, experimentación no ética, control del clima, bases espaciales.


Estas son tan solo algunas temáticas del mundo de la conspiración: algunas ciertas, otras más falsas que ciertas, otras más ciertas que falsas y las restantes definitivamente falsas. ¿Pero por qué son tan fascinantes?


Hasta donde hemos comprendido, el cerebro humano (junto con algunas otras especies) es una simuladora de escenarios posibles constante. Procesando toda la información que recibe por medio de los sentidos puede lograr predecir situaciones en cuestión de microsegundos, aunque cabe aclarar, no siempre es exacta.


Para generar todo esta serie de escenarios una de las principales herramientas que utiliza es la búsqueda de patrones, con la cual de manera primordial nos permite tomar en cuestión de microsegundo decisiones que pueden salvar nuestras vidas. Pero no toda funciona de manera tan natural o instintiva como nos gustaría. La identificación de estos patrones se va ingresando dentro de nuestra mente gracias a las experiencias que hemos vivido, el buen funcionamiento de nuestros sentidos, las enseñanzas que recibimos de nuestro entorno y los conocimientos que nos proporcionamos.


Para afianzar todos estos conocimientos e incluso hacer mucho más rápido el hallazgo de estos patrones de forma neuronal nuestro cerebro se premia (por decirlo de una forma) con dopamina al acertar, generando en nosotros una sensación de satisfacción.

Finalmente dentro de este proceso generalizado debemos anexar las acciones de la amígdala, ella nos permite mantenernos alerta de todo aquello que puede presuponer un peligro para nosotros. Es así que si nuestro sentido de la vista percibe una extraña sombra en medio de la noche, la amígdala se activa y toda nuestra red neuronal comienza a buscar patrones similares al de esa sombra para advertir si el peligro es real o no y así permitirnos tomar acción, ya sea enfrentar, ignorar o huir. Y justo aquí, si nuestra reacción fue acertada vendrá la recompensa de la dopamina para afianzar el proceso. Una vez entendido esto, podemos adentrarnos en el mundo de la conspiración.


Las conspiraciones se forman gracias al hallazgo de patrones en evidencia que muchas veces puede hallarse aislada o se manifiesta en secuencias que a primer vistazo no serían lógicos. Nuestro cerebro trata de encontrar una explicación racional al proceso y es aquí donde nuestras experiencias, antecedentes de información acumulada, creencias y la liberación de dopamina entra en acción.


Sin embargo hay una última trampa que nos genera el cerebro, nuestra capacidad de discriminación. Cuando nos enfocamos en un estímulo o información específica, dejamos de poner atención en otros datos que pueden ser útiles, y si aquel estímulo nos produce bastante satisfacción, costará más trabajo poner atención a lo demás que también está manifiesto.


Es por tanto que de manera natural tendemos a ser entidades conspirativas, cuando los elementos que se nos manifiestan no son los suficientemente convincentes o lógicos, tratamos de generar una explicación que se adapte a nuestra estructura de pensamiento. Anhelamos colocar un orden en medio del caos.


Es así que si en nuestras vidas tenemos la sensación de falta de control, usualmente tratamos de responsabilizar a otros sobre los acontecimientos que nos afectan, o simplemente nos tratamos de deslindar de todo tipo de responsabilidad, las teorías de conspiración, sobre todo aquellas que son falsas, se acoplan perfectamente a nuestras vidas.


Es por tanto que al dar mayor peso a un proceso explicativo que a un proceso predictivo, preferimos explicar por ejemplo que nuestro proyecto no salió adelante por una conspiración del gobierno junto con la industria que aceptar que quizás nuestros conocimientos y aplicación de criterios dentro del proyecto fueron errados.


La creencia en toda teoría de conspiración nos orilla a grandes peligros no solamente en el desarrollo de trastornos de la personalidad, sino que incluso el discriminar hechos por creencias puede colocar nuestras vidas al filo de la muerte al ser más manipulables.


¿Tienes más información que nos quieras compartir, sugerir alguna otra temática o simplemente ponerte en contacto con nosotros? No tardes más, que queremos escucharte.


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